"Hay puñales en las sonrisas de los hombres; cuanto más cercanos son, más sangrientos"
W. Shakespeare
Inspirado en la vida misma de un ser que conocí y me impactó su historia.
Los últimos rayos de sol se deslizaban en
tus ojos, el día se despedía en una mueca de silencio, no reparaba más que en
la espesura de mis pensamientos… martillos que me acortaban la respiración. No
quería verte, escucharte, recordar que con tus manos me habías tocado, cada
caricia me quemaba la piel y el alma, se quebrantaba por segundos la fe en todo
lo que creía que era mi vida… tal vez solo una falacia, solo una mentira.
No te atrevías a mirarme o a hablarme y yo,
deseé gritar, golpear, arañar, morder, simplemente desatar la ira que recorría
mis latidos hasta que el dolor desencadenó una tormenta de lágrimas. Intentaste
acercarte, sin embargo, tu proximidad, tu colonia, tu aliento, me causaban
estupor, miedo de mí misma.
– No quiero estar
ni un minuto más contigo – pronuncié sin temblor en mi voz y algo se
estaba desprendiendo… quizás el anhelo de que sucediera, lo que fuera, por
detener lo inevitable.
Callaste, no dijiste nada, ni yo podía oír
más que mi orgullo lastimado por la traición, imaginaba las entregas entre
risas en mi ausencia, una y otra vez, tú y mi mejor amiga, los seres que
adoraba, a los que había conferido más que una confianza.
El día se desvanecía y con él se derrumbaba
mi mundo, no advertí el dolor que brillaba en tu mirada bajo los últimos rayos
de sol porque nunca existió otra Mujer dentro de tus sentimientos o en el
abrazo a las albas. Ambos seguimos en la penumbra de caminos diferentes…
amándonos, sí… como en la adolescencia, como en la primavera de dos corazones
enamorados, pero en la soledad del silencio y en el derroche de los instantes.
21/06/2012
Núm. de Registro:1206251861783
