10 may 2012

Besarte en el alba




La noche se disipó en el fuego
de un latido inquieto y su sonrisa
de un silencio vivo en tu aliento
que afloraba el ansia adormida.

Mi alma te abrazaba de nuevo
en el hálito de la primavera,
en la fragancia de bosque fresco,
en el destello de una estrella.

Y te amé en el cálido beso
desde mis entrañas y en mi piel,
tocamos un azul de terciopelo,
un cielo casi olvidado y fiel.

Nos sorprendió el alba... la del día y de la vida para abrazarnos en el amor eterno que dormía sin sueños esperando el dulce rencuentro.

 
Núm. de Registro: 1205101618065


9 may 2012

Sentirte... necesito sentirte




Amarte, quizás sea una quimera,
una ilusión, un dulce sueño,
un pétalo que se cubre de primavera,
un cielo que se estrega a lo eterno.

Solo sé que eres mi esperanza,
una sonrisa que brota traviesa,
el porqué de mis añoranzas,
el latido que por ti anhela.

Mi piel inquieta te aguarda
y es que habitas mi alma
en la necesidad del alba
que en ti encuentra la savia.

Hoy, más que nunca deseo,
necesito sentirte en lo etéreo
de un beso que palpa el viento,
en mis labios y muy adentro.

Necesito sentirte en el vuelo de un te amo... mío y tuyo, cierto a cada instante.

Alexandrina


Núm. de Registro: 1205091610148

8 may 2012

Cambia, todo cambia


A lo cierto, a lo incierto
a aquello que resguarda,
soy fragmento del tiempo,
a veces quizás una ceniza,
partícula lejos de la nada.

Una variante de la lágrima,
una melodía de la sonrisa,
circunstancia que pasa
en la sintonía de la vida,
substancia que cambia.

He visto partir la estrella
de un cielo de esperanza
apagando de ponto la vela
que gemía en mis entrañas
llevándose mi aliento.

Cambia, todo cambia, el viento
arrasa la fe encendida en el alba,
por allí... cruje el recuerdo
y ya nada queda en el alma,
muerde la realidad del destiempo.

Ni siquiera el dolor se atreve,
solo es un respiro ahogado,
la noche cae en su silencio,
en algún instante breve
y yo, no sé ni qué ha cambiado.

Alexandrina


07/05/2012

Núm. de Registro: 1205081606540

2 may 2012

La Primera Cita


La penumbra del restaurante se diluía en tu piel, tocaba con mi alma cada línea de tu rostro, me perdía en tus ojos como deseando cincelarlos en cada día de mi vida, no sabía qué decir, mis palabras se suspendían en los pensamientos que retumbaban dentro de mis latidos… esa sensación de que mi corazón parecía no caber en mi pecho. Tú también permanecías en silencio, nos separaba la mesa y una vela, el frío de todos mis años se desvanecía en tus manos que contemplaba con asombro y sin querer mis labios pronunciaron:





-- Perdone, puedo tocar sus manos.


Las tendiste abiertas, pude palpar tu lágrima aunque tu mirada solo se llenaba de calidez. Qué tacto más suave, qué instante más intenso… no, no quería que terminase nunca, la había ansiado siempre.


El mutismo nos seguía abrazando, no era tensión sino tanto que de pronto no sabíamos cómo empezar. Rompimos en una sonrisa mutua que auguraba las cadencias de nuestras voces, palabras que saboreaba con mis entrañas. Me pediste que no te hablara de usted y quizás nunca sepas como mi ser te gritaba: -- Mamá, por fin te conozco y te quiero, y te estrecho en mí como en las noches cuando era pequeño y anhelaba, soñaba con lo que ahora vivo, junto a ti por primera vez.


Inspirado en un amigo que después de treinta y cuatro años conoció a la persona que le dio la vida, pero las circunstancias la obligaron a dejarlo. 



02/05/2012


Núm de Registro: 1205031574844