2 may 2012

La Primera Cita


La penumbra del restaurante se diluía en tu piel, tocaba con mi alma cada línea de tu rostro, me perdía en tus ojos como deseando cincelarlos en cada día de mi vida, no sabía qué decir, mis palabras se suspendían en los pensamientos que retumbaban dentro de mis latidos… esa sensación de que mi corazón parecía no caber en mi pecho. Tú también permanecías en silencio, nos separaba la mesa y una vela, el frío de todos mis años se desvanecía en tus manos que contemplaba con asombro y sin querer mis labios pronunciaron:





-- Perdone, puedo tocar sus manos.


Las tendiste abiertas, pude palpar tu lágrima aunque tu mirada solo se llenaba de calidez. Qué tacto más suave, qué instante más intenso… no, no quería que terminase nunca, la había ansiado siempre.


El mutismo nos seguía abrazando, no era tensión sino tanto que de pronto no sabíamos cómo empezar. Rompimos en una sonrisa mutua que auguraba las cadencias de nuestras voces, palabras que saboreaba con mis entrañas. Me pediste que no te hablara de usted y quizás nunca sepas como mi ser te gritaba: -- Mamá, por fin te conozco y te quiero, y te estrecho en mí como en las noches cuando era pequeño y anhelaba, soñaba con lo que ahora vivo, junto a ti por primera vez.


Inspirado en un amigo que después de treinta y cuatro años conoció a la persona que le dio la vida, pero las circunstancias la obligaron a dejarlo. 



02/05/2012


Núm de Registro: 1205031574844


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